Dinero, tiempo y realización personal – El niño detrás de las barbas

Buena parte de las teorías económicas y de la mentalidad occidental en muchos aspectos, actúan bajo la premisa de que las personas siempre van a buscar o tratar de alcanzar una situación económica personal lo más favorable posible. Por tanto, todos nuestros esfuerzos deberían ir dirigidos a esa meta. Sobra decir, que la gran mayoría de la población en el mundo occidental aspirar a una situación económica estable, que le permita vivir su vida sin excesivas preocupaciones, viendo sus necesidades básicas cubiertas y dejando un espacio, y no pequeño, para el ocio en formas muy diversas. Si nos desplazamos a otras partes del mundo, esa aspiración será probablemente mucho más modesta, dirigida a su supervivencia y la de su núcleo familiar.

Sin embargo, tenemos formas muy distintas de enfocar el valor que le damos al dinero, para algunos será un fin, para otros un medio que les abra oportunidades. Valoramos nuestro tiempo cada vez más, y en el eterno debate entre obtener ingresos y tiempo para poder disfrutarlo, el segundo comienza a adquirir un mayor peso entre nuestras prioridades. Aunque tratar de hacer una clasificación o estructuración de las aspiraciones personales de cada uno resulto un tanto pretencioso, y tendrá como resultado una serie de parámetros excesivamente generales y ambiguos que oculten realidades personales de gran diversidad, quizás pueda ayudarnos a perfilar nuestras prioridades, y quién sabe, si hacérnoslas replantear. A ese respecto podríamos clasificar tres variables: Ingresos, tiempo dedicado al trabajo y carácter el trabajo.

No para pocos el dinero puede ser un fin en sí mismo. O mejor expresado, el prestigio que ellos creen que les otorga dicha riqueza. Es innegable que en nuestras sociedades la riqueza es una forma de estatus, no la única, y para muchos sin duda tampoco la principal. Pero sigue siendo un elemento definitorio de las entidades individuales y de cómo percibimos a las personas. Especialmente la forma de manifestar dicha riqueza, porque los hay que teniendo mucho no hacen una especial gala de ello, y quienes teniendo muy poco hacen todo lo posible para aparentar un estatus económico que no les corresponde. En estos casos lo que prima por tanto es un elemento de apariencia, que no siempre tiene porque ir acompañado de un esfuerzo laboral dirigido a incrementar el patrimonio, sino que la gran prioridad para ellos será manifestar que lo tienen. A ese respecto, las redes sociales les proporciona un escaparate inmejorable: videos y fotos pueden seleccionarse y manipularse a la perfección para tratar de transmitir la imagen que desean proyectar al mundo. Se vuelven esclavos de la necesidad de aparentar.

También los hay quienes tratan de dirigir sus esfuerzos en el ámbito laboral, de manera acertada a veces, infructuosa en otras, para la obtención de dicho objetivo. Hoy en día son muy habituales los vídeos promocionales sobre inversión de todo tipo, de los que los verdaderos entendidos hacen caso omisoo los discursos en torno a la idea de ser tu propio jefe, vendido como si ello fuera una panacea universal para la felicidad y la realización plena. Entre los atraídos por esta clase de elementos sin duda los hay quienes se interesan en el mundo económico y bursátil, o quienes valoran su independencia y desean evitarse los innumerables peros de depender de un tercero para tu futuro laboral. Pero también los hay quienes se verán seducidos por una idea de dinero fácil.

Aunque quiero pensar que, para una gran mayoría, o al menos si una parte importante de la sociedad, las prioridades van dirigidas en otro sentido y no pasan por la idea de la máxima acumulación posible. Para una parte importante de la población el trabajo pasa a convertirse en un mero elemento de trámite, bien sea por la imposibilidad de dedicarse a aquello que más les motiva o por haber sido incapaces de localizarlo. En este caso, pasa a valorarse mucho más la disposición de tiempo libre. Cada vez son más habituales las jornadas reducidas, la exigencia de un horario concentrado que nos ofrezca más horas continuadas para seguir con otras actividades, y son muchos los que exigen una desconexión total del trabajo una vez abandonan sus obligaciones.

Aquí la disponibilidad de tiempo pasa a ser una variable muy a tener en cuenta y puede llegar a marcar nuestra orientación laboral. No solo tienen porque ser gente que no disfrute de su trabajo, los hay muchos que se sienten plenamente realizados con lo que hace, pero ello no entra en contradicción con la necesidad de desconectar, de disponer de tiempo propio. Cada vez son más los que giran en esa dirección, y es un elemento que las empresas y sectores públicos tendrán que valorar detenidamente.

Para otros un trabajo adecuado es el fin prioritario, por encima del beneficio económico que ello pueda reportarles. Entra por tanto una tercera variable, la realización personal, por lo cual se apuesta por una orientación laboral económica, aunque esta pueda conllevar en algunos casos una mayor dificultad a la hora de obtener ingresos y de alcanzar la ansiada estabilidad económica. Prioridad que no tiene porqué mantenerse inmutable en el tiempo, son muchos los que tras ver frustradas sus expectativas se ven obligados a adquirir trabajos que no les resultan tan apetecibles en lo personal, pasando a engrosar las filas de nuestro anterior grupo. (Meterle algo más)

Por último, están los adictos al trabajo. Esto suele ser muy habitual bien en ciertos sectores de la empresa, sobre todo en la gran empresa, pero también en el ámbito académico. Ámbitos en los que meter horas de más a las correspondiente se considera algo deseable y ayuda a incrementar la valorización de dicho sujeto como empleable.De esta manera, bien porque la persona es capaz de disfrutar de ese trabajo, o bien porque las dinámicas exteriores presionan, se acaban adoptando actitudes que rozan y en algunos casos alcanzan la adicción al trabajo. Este pasa a estar en primer plano dejando de lado otros ámbitos de la vida, con las negativas consecuencias que ello conlleva.

Como he dicho, este breve esquema no son más que cajones estancos en las que difícilmente podemos englobar las infinitas motivaciones y circunstancias individuales. Como suele decirse, el equilibro está en el centro. Cada cual debe pensar en cuál de los ámbitos descritos encaja mejor y si se siente cómodo en él, o es el momento de replantearse algunas prioridades.

Y tú, ¿que piensas?

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