El morado me toca – Momo

Este último mes ha saltado a la palestra el último cotilleo nacional dispuesto a rivalizar con los ya más que refritos temas del coronavirus, las vacunas, las elecciones y en general el fin del mundo. Cuando escuché los primeros ecos lo tomé como todo aquello que proviene de la televisiva cadena Telecinco: vida y milagros de algunx famosx de farándula necesitadx de un extra en la cuenta corriente ante la escasez de dramas vitales que vender este último año o la propia cadena exprimiendo a algún juguete roto de la televisión ¡Digo! (2). Eso, o algún programa que aún huele a las Mama Chicho en lo referido a la modernidad y el avance social de mujeres, hombres y viceversa; porque ellas objeto, pero ellos, cenutrios. En este caso, la hija de Rocío Jurado, aka La más grande (se siente Raphael), vendía 60 horas de grabación convertido en un documental sobre su vida.

Siendo ligeramente malpensada, lo primero que alcancé a cuestionarme fue la ingente cantidad de trabajo realizado en grabación y edición para producir una serie sobre una mujer que a priori no parecía tener mucho que contar. Aparte del apellido y algún que otro culebrón que me sonaba en la distancia de los 90 y las revistas del corazón de la sala de espera del dentista, no creí que tuviera más relevancia que el salseo de ser hija de una folklórica a la que hoy en día solo recuerda dignamente por su carrera en cine y canción La 2 en Cachitos de hierro y cromo. Pero, sorpresa: el primer episodio, en vez de versar sobre su madre, su padre, su padrastro o su relación con cualquier otro miembro de una familia llena de nombres reconocidos en el toreo, el boxeo o la canción española, se centraba en ella misma y su vida matrimonial. Casada cuando apenas había dejado atrás la adolescencia, Rocío Carrasco denunciaba en su entrevista agresiones tanto físicas como psicológicas antes y después de su divorcio, aquellas que, alega, le han dejado mayores secuelas, haciendo de ella una paciente con síndrome ansioso depresivo desde hace una década.

Este caso, que a voz de pronto podría impactar más a ciertas sensibilidades por tratarse de un rostro mediático, me ha hecho ver ciertas contradicciones. ¿Por qué? Por pertenecer a esa clase social o rango cultural que se recuerda que dos revistas del corazón equivalen a una obra literaria de segunda mano (que ya de paso no solo cuece, también enriquece), al mismo tiempo que ve como tantas personas sin mayor formación, esfuerzo, oficio ni beneficio se llenan los bolsillos para una vida de lujo y excesos, mientras el resto continuamos abajo, desde los miramos por encima del hombro. En mi prejuicio no creí que se tratara sino de alguna maniobra publicitaria para vender una nueva historia cuya veracidad sería rebatida una y otra vez en los platós de televisión hasta mancillar y tergiversar una súplica que viniendo de otra persona no se pondría en duda.

Rocío resulta ser una mujer que lleva un lustro denunciando malos tratos mientras sus intentos de hacer estas denuncias materializarse en una pena para su expareja han sido en vano, ya que su caso ha sido desestimado en varias ocasiones. Es el drama cada vez menos silencioso, pero cotidiano, en un país que suma más de 1000 víctimas desde el inicio de la contabilización de datos de violencia de género en 2003; más asesinatos que la violencia terrorista a estas alturas y sin detenernos a pensar en las cifras que podríamos habernos encontrado anteriormente. La diferencia es que, esta mujer en concreto, ha tenido acceso a un altavoz infinitamente más potente, que es la televisión, además de contar con el nombre que la hace conocida. Por suerte o por desgracia, el canal en el que ha escogido relatar los hechos (a cambio de una suma de dinero que a muchxs nos solucionaría la vida), es el mismo que ha protagonizado vergonzantes episodios relacionados casos de violación o tratamientos misóginos que no han sido eliminados ni asumidos hasta que algún patrocinador ha amenazado con retirar sus anuncios y por tanto sus pagos a la cadena. Aunque la opinión pública se haya levantado y se haya dañado irremediablemente la imagen de estos programas, no es hasta la sombra de la cancelación cuando quienes están al mando han decidido desandar los escándalos y pedir perdón. La misma mano que tanto ha ayudado a la construcción de cánones patriarcales y retrógrados en el ámbito audiovisual es la misma que ahora ha abrazado a una de tantas víctimas con el lema “Yo sí te creo”.

Nada más lejos, la propia Rocío Carrasco es curiosamente otra de estas víctimas de la cadena, ya que en diversas ocasiones ha sido blanco de burlas e insultos desde el mismo programa que ahora la defiende, pero que mantenía a su exmarido en nómina para calumniarla, así como a su hija, de la que también ha sufrido agresiones. Tildada de histérica, loca, exagerada o mala madre, entre otras cosas, quienes se han llenado la boca de veneno ahora han tenido que poner su mejor cara de arrepentimiento (quiero creer que real), admitiendo incluso que sus palabras han sido una de las causas del sufrimiento de esta mujer. Hablo de ella porque se ha conocido su caso, sin poder siquiera imaginar cuántos sucesos similares se dan a cada minuto y sabiendo que no oiremos sus voces.

No se trata de la primera escena televisiva en el país que de pronto quita un poco la venda ante el machismo enconado. En 1997 Ana Orantes acudía a un programa de tertulia vespertina donde contaba con escalofriante detalle los abusos que su marido había cometido contra ella y sus hijxs a lo largo de varias décadas, mientras se sentaba junto a otra mujer que también había acudido a denunciar una situación similar. No era por tanto una pionera, pero su historia ha trascendido más que muchas otras: escasas dos semanas después moría asesinada quemada viva a manos de su todavía esposo. Leer los abusos y agresiones cometidos por su marido hacia ella y sus hijos, aparte de escuchar su testimonio, es quizá uno de los revulsivos más fuertes que pueda existir contra quienes todavía cuestionan ciertas medidas en relación a la violencia de género. Otro caso que ha vuelto a recordarse este último mes, sin alcanzar tanta relevancia, pero igualmente transformado en documental, ha sido el de Nevenka Fernández, concejala del ayuntamiento de Ponferrada que en 2001 denunciaba acoso sexual por parte del alcalde de la localidad. Sometida al juicio público y social que la tachaba de culpable (dicho suavemente, porque gran parte de la opinión pública la vapuleó sin demasiados miramientos), decidió salir del país, al que no ha vuelto desde entonces, a pesar de que los tribunales le dieron la razón.

Siendo todas ellas muy distintas, comparten una historia que cargan a las espaldas miles en nuestro país y en todo el mundo y se atrevieron a contarla en voz alta utilizando la caja tonta como cuerpo de resonancia. Pensando ingenuamente que el testimonio de Rocío Carrasco quizá pudiera ensombrecer la causa por tratarse del cotilleo explosivo del momento, la realidad me ha demostrado a mí y a muchxs que las llamadas al 016 (teléfono de atención a víctimas de violencia de género) aumentó un 42% tras la emisión de las primeras horas de reportaje, sin contar mensajes electrónicos y vía Whatsapp; cifras que han seguido aumentando a lo largo de las semanas y cuyo impacto final está todavía por ver.

Sin tratarse de la cadena más apropiada, ya que para qué negar el negocio extraído de esta última exclusiva y la oleada de comentarios y debates de toda clase que vayan a surgir a raíz de ello, una vez más ha hecho falta un toque de atención de cariz sensacionalista para visibilizar una lacra que cada vez sabemos más profunda. Esta vez el maltrato psicológico, y los riesgos de negarlo por no ver una marca de ello bajo la piel, parecen haber sido la novedad, en un momento en el que la salud mental se muestra al fin como parte innegable del bienestar humano. Comienza a comprenderse que la igualdad no sólo reside en situaciones materiales de derechos y deberes, sino en gestos que se acumulan en el día a día hasta destrozar a quien los recibe, perpetuando roles y modelos de los que no se escapa con cupos o regulaciones salariales. Del mismo modo, se demuestra que, a pesar de la interseccionalidad de estos casos y los numerosos agravantes sociales y culturales que colocan a muchas mujeres en grupos de riesgo, pocas pueden librarse del machismo y que la respuesta que reciben al denunciar es similar: no cuentas con ayuda.

Por último, y sin hacer apología de ideario político, es chocante leer cómo algunas representantes políticas se han pronunciado ante la repercusión mediática, con muy distinto discurso, llegando una de ellas a defender el síndrome de alienación parental (SAP), una manipulación cuya existencia ya niega la propia OMS, mientras que otras se alejan de Carrasco como figura pública y toman su testimonio como otro más en una lista demasiado larga. Con el caso de Ana Orantes fueron también algunos políticos quienes se pronunciaron, llegando a definir el caso como un fenómeno aislado a pesar de que sentó precedente para la reforma del código penal y la creación en 2004 de la que es la ley vigente con la que contamos para la defensa y protección de las víctimas. Distintos tipos de maltrato psicológico como el gaslight o la revictimización, han cobrado sentido para muchas, gracias a que alguien más cercana que cualquier campaña del ministerio de igualdad ha verbalizado sus vivencias en prime time. Ojalá esta nueva deriva que parece haber adoptado la cadena de Berlusconi no sea solo una moda pasajera que vuelva a dejar en la cuneta a la víctima una vez haya pasado la tormenta para volver a las viejas costumbres, pero el tiempo dirá.

NOTAS

  1. Título en referencia a la canción Mama Chicho me toca, melodía que acompañaba a las apariciones del grupo homónimo de bailarinas en Telecinco.
  2. ¡Digo! Expresión que utilizaba de manera habitual Cristina Ortiz, La Veneno, en sus apariciones televisivas.
  3. Imagen de Rocío Jurado durante una de sus actuaciones.
  4. Enlaces consultados
https://elpais.com/sociedad/2021-03-23/la-voz-de-rocio-carrasco-y-el-eco-de-la-violencia-machista.html
https://www.rtve.es/noticias/20210330/violencia-machista-rocio-carrasco-consultas-016/2084136.shtml
https://www.elperiodico.com/es/yotele/20210321/irene-montero-reacciona-testimonio-rocio-carrasco-violencia-genero-telecinco-11597922
https://elpais.com/sociedad/2021-03-22/irene-montero-el-testimonio-de-rocio-carrasco-es-el-de-una-victima-de-violencia-de-genero.htmlhttps://www.publico.es/sociedad/maltrato-psicologico-violencia-genero-imposible.html
https://www.publico.es/sociedad/sindrome-alienacion-parental-no-existe.html
https://www.publico.es/sociedad/rocio-carrasco-telecinco-monstruo-cabezas-ensalza-condena-machismo.html
https://www.vozpopuli.com/television/telecinco-feminismo-rocio-carrasco.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Orantes

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