Amenazas y oportunidades de la Unión Europea en la época Post-COVID (Parte II)

En un primer fragmento, analizábamos las amenazas y oportunidades ante las que se enfrenta la Unión en el contexto de crisis actual. Dejábamos así para un ensayo posterior el análisis concreto del su ámbito social y económico…

Amenazas y oportunidades en el pilar social y en la política económica

El éxito de las políticas sociales no se entiende sin una buena planificación de los aspectos económico-financieros de las instituciones europeas. Así, si tratamos el aspecto social de la Unión, debemos indicar la creación del Pilar Social Europeo con 20 principios que abarcan asuntos como el de la igualdad, la pobreza y riesgo de exclusión o el desempleo juvenil.

El aumento de las desigualdades entre los Estados Miembros es algo que, si bien venía ya de lejos, especialmente como consecuencia del impacto de la crisis financiera del 2008, parece acentuarse con la presente crisis sanitaria. La inversión de la pirámide poblacional es un fenómeno progresivo que se acentúa, más ante las perspectivas de futuro post-pandemia, que se agrava con las perspectivas de futuro que deja la pandemia, retrasando así aún más la edad media de maternidad. El notable envejecimiento de la población, y sobre todo, la inminente jubilación de los individuos de la generación del Baby Boom, no parecen paliar en absoluto la crisis de las pensiones de la que adolecen los países desarrollados, entre ellos España.

Se entiende, y según la clasificación de Esping-Andersen, que dentro de la propia Unión Europea existen numerosos modelos y tipos de estados de bienestar, entre los cuales está el Mediterráneo, el cual corresponde a España, Italia y Grecia. Este último modelo se encuentra en una delicada situación como consecuencia del preponderante papel que juega la familia en el mismo y la progresiva falta de apoyo de esta en la actualidad por la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral y el cambio de los modelos de familia. El creciente apoyo a las mencionadas políticas populistas y de ultraderecha afecta negativamente a la socialdemocracia (como movimiento político o como modo de administrar el estado? No queda muy claro) que en épocas como la actual hacen mella en los pilares de educación, dependencia y servicios sociales, pensiones o, como especialmente en este caso, en el pilar de la sanidad.

La pandemia ha afectado de manera masiva al sector servicios, entre los que se encuentra precisamente el sanitario. En el caso de España, además, el hecho de que la competencia en sanidad sea titularidad de las comunidades autónomas ha requerido del uso de las herramientas de coordinación y cooperación interadministrativa. Ello ha puesto de manifiesto la necesidad de abarcar ciertas medidas comunes a nivel estatal y europeo para abordar situaciones futuras similares a la actual y poder así darle sentido a la actitud de resiliente que hemos mencionado. En este aspecto, toman así especial relevancia los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos como instrumentos para unas efectivas políticas de cohesión.

Prestando especial atención a la política económica en esta época pos COVID, se plantea la deriva financiera de la unión. Incluso diarios de corte tradicionalmente liberales, como el Financial Times, se han preguntado si sería recomendable una vuelta al keynesianismo para que la mayor intervención del Estado pudiese coadyuvar a la aplicación de las políticas sociales mencionadas y a una mayor creación de empleo. No obstante, la Unión Europea parece pretender continuar el camino de la ortodoxia fiscal en términos generales. Algo que, sin embargo, contrasta con el paquete de recuperación “Next Generation EU” recientemente aprobado, que destina 750.000 millones de euros para la recuperación de la crisis, los cuales forman parte del Marco Financiero Plurianual 2021-2027 que en total se compone de 1 millón 850.000 millones de euros.

 Así, a España le corresponden 140.000 millones de euros, de los cuales, aproximadamente la mitad son a fondo perdido, lo que implica  presupuesto poco habitual que gestionar. De hecho, la ingente cantidad de dinero ha tenido que canalizarse por un proyecto de Real Decreto que no ha estado exento de polémicas, pues la oposición ha acusado este último mes al gobierno de ocultar el informe del Consejo de Estado donde, aunque de manera favorable al proyecto, indicaba la necesidad de mayores controles en la gestión de los fondos. De esta manera, además, nuestro país ha visto nacer el Real Decreto-ley 36/2020 para la financiación y modernización de las Administraciones Públicas con el que se implantará el Plan España Puede y se procederá a cambios en los procedimientos administrativos para simplificar su tramitación en las áreas de las contrataciones, los convenios administrativos y la subvenciones y ayudas. Por otro lado, se crean los PERTEs como nueva figura de colaboración público-privada para la ejecución de proyectos de inversión dotados con fondos europeos en España, así como la regulación de las agrupaciones (entre ellas los consorcios) como instrumento de colaboración público-privada para la presentación de solicitudes a convocatorias de ayudas para actividades vinculadas con el plan.

De todas maneras, más allá de las oportunidades concretas que se presentan en el plano económico como consecuencia de la pandemia, la Unión Europea tendrá que hacer frente a otros retos en el plano financiero. Respecto a la política comercial, la Unión Europea deberá seguir forjando acuerdos comerciales con diferentes países en vista del éxito relativo de la Organización Mundial del Comercio. Si bien, este momento se presenta para la Unión como una oportunidad para liderar la reforma de la mencionada organización para lograr un mayor número de reglas multilaterales básicas, ello no parece que sea suficiente. Deberá reanudar las negociaciones del TTIP que se estancaron con la presidencia de Trump, así como lograr el acuerdo comercial en el que trabaja con la India. Deberá también alcanzar un acuerdo eficiente para el pacto comercial UE-Mercosur (en el que, por cierto, España jugará un papel crucial) y deberá conseguir un acuerdo comercial de esencial importancia para con el Reino Unido en esta etapa post-Brexit.

Además, y en defensa precisamente de los valores europeos, la Europa de los 27 deberá abogar por un comercio justo que garantice los derechos laborales y respeten el medio ambiente, además de intentar colocar a todas las empresas en condiciones competitivas similares para asegurar un campo de juego equilibrado (y dirigirnos así, quizás, al “aplanamiento de la tierra” del que habla Tomás L. Friedman). La competencia leal y las políticas antidumping son los pilares de la política comercial europea. La Unión ha hecho hincapié en crear “campeones europeos”, algo que, sin embargo, podría parecer contrario a sucesos como la prohibición de determinadas fusiones, como fue hace un par de años la de la francesa Alston y la alemana Siemens. No obstante, la política de la competencia ha permitido grandes ventajas para los consumidores europeos y solamente se han llegado a bloquear nueve de las 3000 fusiones llevadas a cabo, entre las cuales se encuentra la mencionada. De esta manera, la Unión Europea deberá proteger sus relaciones comerciales y, en especial, encontrar un equilibrio en las relaciones con Estados Unidos y China.

Por otro lado, la política económica no se entiende sin abarcar la política monetaria. Tras el impacto de la pandemia, el Banco Central Europeo pretende mantener una política monetaria muy expansiva donde los tipos de interés están muy bajos, se aumenta la capacidad de financiación de los bancos, se respalda el acceso al crédito para las empresas y hogares y surgen instrumentos como el Programa de Compras de Emergencia frente a la Pandemia. Sin embargo, la política monetaria no resulta suficiente para una eficiente gestión de la economía de la Unión Europea. Por ello, junto con la profundización de la Unión Económica Monetaria, debería completarse la arquitectura institucional con la Unión Bancaria y de Capitales, así como una Unión Fiscal. Esto último completaría las herramientas internacionales de lucha contra el fraude fiscal como son las BEPS (Base Erosion and Profit Shifting) lo que haría sin duda un entorno más atractivo para la inversión. De esta manera, el objetivo sería fomentar la convergencia de igualdad en Europa, para asegurar que los sistemas fiscales de los Estados Miembros no compiten entre sí. En este aspecto, cobra especial relevancia el debate en torno a la fiscalidad de las grandes tecnológicas, con frentes como el de la tasa Google. De hecho, y aludiendo una vez más a España, cuando en 2018 nuestro país aprobó el canon AEDE (el cual forma parte de la conocida como tasa Google) como consecuencia de la reforma en 2014 de la Ley de Propiedad Intelectual, Google News decidió dejar de operar en territorio español como signo de protesta. De esta manera, la Unión Europea presentó en 2018 una propuesta de directiva sobre la fiscalidad de la economía digital que sigue estancada a día de hoy. Así, también se ha propuesto la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, así como la revisión del six-pack y el two-pack.

Parece, por tanto, que la Unión Europea tiene varios frentes abiertos en lo relativo a su política económica y financiera, que inevitablemente van de la mano de las políticas sociales, ya que ningún estado de bienestar puede sostenerse sin un funcionamiento adecuado de las finanzas.


A fin de cuentas…

La pandemia ha desviado nuestra atención de manera drástica, pero no nuestras prioridades. La Unión Europea quiere ser protagonista en la toma de decisiones a nivel internacional, también en sus ámbitos sociales y económicos, y para eso debemos actuar como una entidad supranacional unida, cohesionada y sólida.

Sea como fuere, y a pesar de las amenazas que acechan a la Unión y a su supervivencia, está siempre ha sabido avanzar con paso firme en los momentos difíciles y más decisivos. Pensemos que esta vez no será diferente.

(Te propongo que cambies los subtítulos. En vez de uno general y otro de conclusiones dividir el general en 3: efectos y reacciones ante los efectos de la pandemia (o algo por el estilo vaya), política comercial y política financiera. No sé como lo ves. Por lo demás veo guay el texto, he reformulado algunas frases para evitar repeticiones o porque creo pueden entenderse mejor, si tu prefieres expresarlo de otro modo vía libre. He tachado las originales para que estén identificadas).

Y tú, ¿que piensas?

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