Trashumancia y transhumanismo – Cantimplora

– Pirí. Nueva entrada: “Optimización de espacios culinarios en viviendas de subsuelo”. ¿Desea proceder a su descarga?

-Aceptar. – susurro al diminuto micrófono que me sobresale del labio inferior, como el piercing más sofisticado de la era digital. No suelo gastarme tanto dinero en accesorios para el implante, pero reconozco que he hecho una buena inversión. Sonrío, sintiendo un suave tironcito en la comisura labial, justo donde descansa mi precioso aparatito nuevo.

Netweb, conéctame con Findate.

– Conectando con Findate – responde la voz robótica mientras proyecta para mí una selección de potenciales perfiles con los que chatear. Encuentro al menos tres arquitectos de diferentes partes del mundo, uno de los cuales llama mi atención de inmediato. Se llama Akira, estudiante de segundo año del máster de Arquitectura Subterránea Esférica. Es de Tokio, le gusta la línea Eco-nano de cocina internacional, la música electro-jazzística y su libro favorito es “El cuento de criada” de Margaret Atwood.

Hablamos de todo ello durante veinte minutos. Me divierte, aunque no tendremos sexting esta noche porque llamaré a Paula por nuestro aniversario y luego tengo planes con Joel. Aunque no tengo del todo claro que quiera seguir viéndole, está pesadísimo desde que empezó la gestación. No hace más que hablar de embriones y centros de clonación asistida, mientras que yo no creo que nadie sensato deba clonarse antes de los cuarenta. Siempre ha sido un tradicional, no conozco a nadie más que siga usando e-book, mucho menos vaqueros de algodón. Al principio tenía su encanto, pero empieza a aburrirme. Puede que rompa con él, aún no lo sé. Akira me interesa, al menos sabe lo duro que es compatibilizar la vida social con la Arquitectura. Además, su gusto musical es impecable. Supongo que era cuestión de tiempo que Japón ganara también esta batalla.

Mientras termino de hablar con Akira, se ha descargado mi clase, solo disponible para estudiantes de cuarto de Arquitectura Subterránea. Aprovecharé el largo camino de vuelta a casa para verla, a fin de cuentas, no en todas partes tienen el sucedáneo de soja Eco-nano que me gusta, pero hay que hacer estos pequeños esfuerzos por el planeta. Tantas plantaciones de soja estaban acabando con nuestros bosques, pero, afortunadamente, la Nanotecnología de la Alimentación superó el bache y hoy se producen miles de alimentos molécula a molécula, lejos de la arcaica y basta extracción agrícola. Como el sucedáneo de soja más irresistible de Maragall.

Me dispongo a iniciar la reproducción del vídeo cuando un imprevisto me saca de mis pensamientos. Una mujer acaba de darse de bruces contra el asidero central del vagón. La veo levantarse, llevándose la mano a la frente con gesto dolorido y mira alrededor, aunque no parece sorprendida cuando nadie se acerca a socorrerla. A fin de cuentas, la epidemia por Brucella hominis nos previno de los riesgos del contacto directo y muchos no nos hemos quitado los guantes desde enero. No suelo prestar mucha atención a los extraños que me acompañan en mis desplazamientos, aunque, ahora que la miro bien, puede que sea eso lo que me ha llamado la atención de su accidentada entrada: ha frenado el golpe con las manos desnudas.

Por supuesto, una negación-activista, una negui. ¿Quién más podría arriesgarse a tan innecesario riesgo? No hemos aprendido nada. A pesar de ello, al anciano que está sentado frente a mí no se le ha escapado el fugaz descuido de la rebelde. El hombre susurra algo a su micrófono de ojal y, al poco, aparece un gorila uniformado que se acerca a ella con un par de guantes de vinilo que le arroja con brusquedad. Con un vistazo rápido identifica su nombre, dirección, correo electrónico y cuantos datos hay disponibles en los archivos gubernamentales, para enviarle su correspondiente sanción vía implante. 

Estoy perpleja. Normalmente yo misma la habría denunciado al Sistema de Notificación de la Ciudadanía Responsable, pero algo me ha detenido. Me siento confusa. En un intento de aclararme, me tomo mi tiempo para observar a la extraña mientras se enfunda los guantes con gesto disgustado. Tendrá más o menos mi edad, una larga coleta trenzada de un moreno azabache, la nariz ligeramente puntiaguda, los labios carnosos y el rostro angulado, con una mandíbula suave y bien definida que se extiende en una curva ondulada, casi perfecta, por su clavícula derecha. Reconozco que es atractiva.

Conecto la función de reconocimiento facial para ver qué tiene Netweb que contarme sobre ella, pero algo va mal. El sistema no reconoce su rostro. Es algo poco frecuente, habitualmente debido a que el usuario ha desconectado su implante, desbloqueable únicamente por la policía y otros organismos del Gobierno. No es que no pueda hacerse, claro, pero ¿quién en su sano juicio se desconectaría en pleno siglo XXXII? Que concepto más negui.

Entonces, observo con asombro que la extraña también me está mirando, con una intensa mirada que se me clava directamente. Me incomoda, pues el contacto visual directo es un acto de extrema intimidad que sólo he compartido con mi madre y mi gemela. Esquivo su mirada, violentada por el desvergonzado atrevimiento de mi compañera de viaje.

Desasosegada, decido comenzar la clase que debería haber iniciado hace rato. Se trata de una conferencia de la Dra. Orynbasar sobre el aprovechamiento del espacio con hornos hexagonales. Como ejemplo, muestra un aparato de color azul, azul océano, azul como las más insondables aguas, de la clase que solamente un par de pupilas podrían aprender a navegar… Así pierdo la atención por enésima vez esta tarde y me descubro pensando en los bellísimos ojos de la mujer que tengo ante mí.

Pauso la clase y vuelvo a mirarla. No ha parado de observarme en todo este rato y, por extraño que parezca, ya no me resulta tan desagradable. Al contrario, su gesto está consiguiendo arroparme, en cierta manera. Su atenta mirada hace que me sienta presente, en este metro que tanto odio coger cada semana, en esta ciudad que me resulta tan ajena, en este año tan difícil en el que Paula, Joel y Akira me faltan y me sobran tanto, en este mundo digital que me distrae, aunque nunca consiga hacer que deje de sentirme sola. Fugaces momentos, casi siempre antes de dormir, después de escribir a mi madre, a veces en sueños y otras pocas entre café y café, en los que realmente me planteo si nada de esto merece la pena.

La Netweb nos evita esa clase de pensamientos, a fin de cuentas, para eso sirve la Terapia de Aprovechamiento del Tiempo. Una clase, un chiste, una noticia, un chat… Todo para cuidarnos de todo pensamiento negativo. Entonces, ¿por qué los activistas decidieron desconectarse paulatinamente desde el año 3047? ¿Por qué tantas disputas en foros sobre el pensamiento en masa? ¿Por qué tantas protestas violentas en Seúl por la policía, cobrándose más de un centenar de muertes en una ciudad que se suponía segura? ¿Y cuánto hace que no pienso en esto?

Ella parece notar mis pensamientos porque se lleva la mano a la nuca y conecta su implante. Inmediatamente, mi sistema de reconocimiento la detecta, aunque solo me da un nombre: Shanola. Su sistema de seguridad, bastante rudimentario, me impide acceder a ningún otro dato, aunque al menos ya no es una completa extraña. La veo mover los labios, mientras dicta un mensaje al sistema de correo inteligente. Cuando finaliza, apaga de nuevo su implante y me sonríe.

En la parada de Plaça de Sants, Shanola se acerca. Hace tres minutos que he recibido su mensaje, aunque aún no lo he abierto. No puedo dejar de mirar su sonrisa, el único gesto de simpatía que he recibido en Nueva Barcelona desde mi llegada, hace ya cuatro años. Me sorprendo sonriéndole mientras la observo detenerse ante mí.

Cuando habla, su voz me llega desde muy lejos, puede que de otra vida.

-Si quieres, aún estás a tiempo.

Y la veo perderse estación abajo, desapareciendo en el entumecido zumbido de una multitud errante.

La notificación de su mensaje aún me parpadea ante los ojos. “La píldora roja” reza su título. No sé qué espero encontrarme al otro lado, en cierto modo, me aterroriza. Cojo aire, me dispongo a abrirlo…

-Pirí. Nueva entrada: “Decoración minimalista de dormitorios en viviendas de subsuelo”. ¿Desea proceder a su descarga?

-Aceptar. – susurro al diminuto micrófono que me sobresale del labio inferior, como el grillete más sofisticado de la era digital.

Y tú, ¿que piensas?

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